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Una patadita por detrás de la cámara

Juan Manuel Santos iba en un deportivo. Un carro rápido que lo llevaba directo a la Casa de Nariño sin hacer mucho esfuerzo. El tanque estaba lleno de “seguridad democrática”, “confianza inversionista” y “cohesión social”; es decir, de Uribismo. ¿Qué le está pasando entonces?

Con el carro ganador, Juan Manuel Santos, comenzó la carrera hacia la Presidencia sin hacer mucho esfuerzo, sin proponer nada al país y con una estrategia que usaba a Uribe como su principal promotor. Durante esos meses, nadie supo que tenía realmente Juan Manuel en su cabeza: ¿qué iba a cambiar? ¿Qué iba a proponer? ¿Qué temas sacaría adelante? Solo sabíamos que era la continuación de Uribe. Mirando esto al día de hoy, creo que el estar callado, fue la mejor estrategia para que, en este momento, haga lo que quiera y nadie lo critique. Me explico.

Cuando las encuestas comenzaron a mostrar que la alianza Mockus-Fajardo comenzaba a calar en amplios sectores de la población, la campaña de Juan Manuel tuvo un sacudón que lo obligó a pensar en las elecciones como lo que son: una arena de competencia despiadada donde el único objetivo es ganar, no quedar bien.

Con el cambio de estrategia a Juan Manuel Santos le tocó hablar de temas. En ese escenario su equipo económico fue fundamental: si Mockus hablaba de educación, Santos tendría en el empleo el tema programático que lo pusiera en competencia realmente. Esto quiere decir, le tocó depender menos de Uribe, alejarse y tomar una posición, sin dejar de lado la seguridad.

Y es que el empleo no fue un tema de prioridad de Uribe. Mientras todo Latinoamérica bajó algún punto por desempleo, Colombia no solo no bajó, sino que aumentó el porcentaje. Cuando esta decisión se tomó, se decidió que Juan Manuel, la bandera del uribismo, debía ser menos Uribe, y más Juan Manuel. La primera vuelta fue fundamental. Una vez ganó, gracias a la maquinaria y al cambio estratégico de la campaña, Juan Manuel le sacó las primeras garras a Uribe. Sin tener hasta el momento un programa de gobierno fuerte en muchos temas, con el solo tema económico y de seguridad, Santos lanzó a todos los demás candidatos que no llegaron a segunda vuelta el mensaje de querer retomar las mejores iniciativas. Es decir, los candidatos en contienda le dieron de qué hablar a Santos en lo que no tenía, y además mandó el primer mensaje no-uribista: al menos en lo programático, en el gobierno de Santos caben programas del Polo, del Partido Liberal y de Cambio Radical.

No obstante los mensajes que comenzaban a mostrar que en Santos no tendríamos un Uribe II, sino un Santos I, los colombianos observamos que delante de las cámaras siempre posó como el más Uribista. Las patadas al ex presidente vendrían siempre con la cámara apagada, en cada una de sus decisiones de gobierno, de equipo y en su forma de entender la política.

Designación de fichas como Juan Camilo Restrepo (MinAgricultura, crítico de Uribe), la embajadora María Ángela Holguín (quien había renunciado de la embajada en Washington en el gobierno Uribe por los manejos burocráticos que el mandatario estaba realizando), o Juan Carlos Echeverry (Min Hacienda, director del DANE en el gobierno Pastrana) y de quien se espera un estilo muy distinto en el enfoque económico que estaba llevando Álvaro Uribe Vélez.

Pero las pataditas no han sido solo por la cercanía o lejanía de Uribe con estas fichas clave, el terreno donde más ha marcado la diferencia ha sido en las propuestas de reforma. Nunca habría salido de la boca de Uribe la palabra Ley de tierras, Reforma de Regalías, Ley de Víctimas. Y peor aún, Uribe nunca hubiera hablado de PAZ. “Tenderle la mano a la negociación” era un tema más que prohibido en la boca de nuestro anterior Presidente, y aún así, Santos la ha pronunciado varias veces, incluso, en su discurso inicial. Obvio no hay que llevar al extremo este presupuesto, ya que es claro que también ha dejado claro unas condiciones para el diálogo, no obstante, el ambiente que existe, parece indicar que con Santos la cosa va por otro camino.

El último golpe a las Farc nos demuestra que, poco a poco, Santos quiere borrar la historia de Uribe. Calificar la muerte de Jojoy como el mayor golpe a la guerrilla de las Farc, es el intento más claro de opacar los contundentes golpes de Uribe. Ahora bien, que estos golpes hayan sido con Santos de Ministro de Defensa, no hace más que reafirmar que quien está en el poder es el verdadero obrero de la seguridad democrática.

La opinión de la gente sigue siendo que Juan Manuel Santos es el sucesor de Uribe. Lo difícil de ver es que poco a poco, no solo ha demostrado capacidad de mostrarse cercano a Uribe, sino que haciendo cosas totalmente distintas, sigue posando de Uribista. Vargas Lleras Min Interior, tiene en su poder las buenas relaciones con las Altas Cortes (cosa que Uribe no pudo) y por ende, con la posibilidad de influir de alguna manera en las investigaciones hacia Uribe o su familia; Los cambios en los Consejos comunales en carpa de Uribe versus los Acuerdos para la Prosperidad en auditorio, con tres cámaras, flores y montaje de Santos; La muy mala relación que dejó Uribe con Chávez y Rafael Correa contra la inmediata determinación de ambos gobiernos de comenzar a restablecer relaciones con el gobierno de Santos; son pataditas fuertes, estratégicas y solapadas.

La apuesta ahora es observar cuanto le va a durar a Santos mantener la Unidad Nacional, sin recurrir a la ayuda de Uribe y el poder que aún tiene en muchos Congresistas. Por otro lado, las campanas que suenan, montan en un nuevo carro político a Uribe derechito a la Alcaldía de Bogotá. Y si así fuera, estará de alquilar balcón una contradicción pública entre los dos líderes. Yo la quiero ver, claro que sí, pero realmente, sin Uribe de candidato.

Por: Fabián Hernández Cadena - Miércoles, 29 De Septiembre 2010

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Comentarios


Santana | 2010-09-29 13:00:53

Acaba de decir el ex-asesor presidencial José Obdulio Gaviria que regresa Uribe a apoyar a candidatos de la U y Conservadores para las próximas elecciones de octubre de 2011. Con este mensaje y con la afirmación de que Santos es el numero dos del uribismo detrás del mismo Uribe, ellos acaban de sacudirse y dar su patadita a Cambio Radical y al Partido Liberal para las elecciones claves de alcaldes y gobernadores.

De momento han dicho que no les interesa la alcaldía de Bogotá, pero que escenario más propicio para mostrarse y lucirse el expresidente Uribe que la Alcaldía Mayor.

Queda, de paso, claro que aquellos que dicen que Uribe es liberal de corazón pueden quedar seguros que esta afirmación es falsa, Uribe es de Uribe y punto.

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