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Consideraciones de media noche sobre feminismo

La sociedad actual se debate conceptualmente entre el hecho de ser definida como moderna o postmoderna. Tiendo a pensar que la sociedad actual no es el producto de un cambio brusco de la modernidad por la postmodernidad, sino más bien es una mixtura en la que se dan tanto la subversión de algunos de los principios existentes, como resistencias a dicha subversión reflejadas en tendencias claramente reaccionarias. El feminismo y las luchas de género que empezaron con el movimiento sufragista de la segunda mitad del siglo XIX y continuaron (con sus subsecuentes desarrollos) en la década de los sesenta, se pueden ubicar como un fenómeno propio de la postmodernidad ya que se configura como una nueva voz, como un nuevo actor que reclama su papel protagónico en la escritura de la historia. Desafía la razón universalista y categorizante de la ilustración que reducía las luchas a la lucha de clases y que creaba igualdades e individuos abstractos como mecanismos de cierto orden hegemónico de modernidad. Ahora bien, el género (femenino-masculino) es el resultado de la construcción social de dos identidades y la agrupación de todos los individuos en ambos grupos. Cada sociedad crea un orden, genera unas normas de obligatorio cumplimiento, unas limitaciones o tabúes y una jerarquía conforme a sus intereses y creencias. Cuando ese orden consigue instalarse durante largo tiempo se naturaliza, es decir, deja de parecer un artificio humano para percibirse como parte de la vida misma. Pues bien, el modelo de sociedad que conocemos ha construido un orden basado en dos grupos básicos y primarios –hombres y mujeres- muy diferenciados entre sí y con destinos asignados según el sexo. Efectivamente, antes de que nazca una persona la sociedad “sabe” como será y que espacio físico y social ocupará: dulce, afectiva, tranquila, dependiente, hacendosa, que cuidará a sus hermanos, ayudará a la madre, se hará cargo de los ancianos, esperará decentemente a casarse, deseará tener hijos, atenderá su hogar y, si es necesario, trabajará para ayudar en casa con su salario. O bien será: brusco, fuerte, rebelde, intrépido, valiente, conquistador, emprendedor, inteligente, exitoso, dotado de impulso sexual, se dedicará a la vida pública como trabajador, militar o político y después de alcanzar el éxito y recorrer el mundo, tendrá una casa, una mujer y unos hijos que perpetuarán su apellido. Estos dos paneles de control, estos dos paquetes de valores y de espacios asignados a hombres y mujeres, solo por el hecho de serlo, es lo que se llama construcción social del género. Indudablemente todos nos pensamos diferentes al resto, sabemos que los individuos son originales e irrepetibles, sin embargo podemos observar las regularidades que se producen en el comportamiento según se pertenezca a uno u otro sexo. Dichas regularidades son producto de un adiestramiento que comienza en los primeros días de vida y que perdura por el resto de la misma. Los agentes de este adiestramiento no son conscientes de la trascendencia de su presión pues son, a su vez, individuos adiestrados en el mismo sistema: sienten como normal- han naturalizado- lo que es un orden social inventado. Son agentes del género los padres, abuelos, y familiares, la escuela, maestros y libros de texto, medios de comunicación, las estadísticas, los organizadores del trabajo, el cuerpo legislativo, el judicial, los políticos, los vecinos, los amigos, etc….Todo aquel que interviene en nuestra vida y que no cuestiona los valores y definiciones del género, los transmite y a veces voluntaria o involuntariamente los esgrime como forma de presión o represión. Así pues, la sociedad ha producido toda una cultura de género basada en la diferencia sexual o reproductiva. Sobre esta diferencia, se ha ido construyendo una forma de ver la vida y de valorar las acciones humanas, se ha jerarquizado la relación entre hombres y mujeres…. Sí, es cierto, las personas no siempre responden como se espera que lo hagan, sin embargo no es un hecho recurrente. El no adecuarse a las exigencias sociales genera sufrimiento- a veces un castigo- pero el adecuarse tampoco produce felicidad. Para hacer un trabajo de género se requiere entonces, una constante reflexión y un esfuerzo dirigido a repensar las relaciones sociales, especialmente desde la cotidianidad, persiguiendo y combatiendo los sesgos que introduce el prejuicio: observar, reflexionar, debatir, reflexionar sobre lo debatido, revisar nuestra propia educación, nuestro entorno, someter a juicio nuestras certezas sobre la naturaleza de los hechos sociales. De igual forma es necesario superar las luchas tradicionales, que en muchos casos tienden a la excesiva victimización de las mujeres, negando las cuotas de responsabilidad que hemos tenido en la construcción y validación de los órdenes que nos oprimen y deviniendo en un deseo absurdo de destruir o dominar a los hombres de la misma forma, en una especie de ley del talión. Una alternativa puede ser entonces, un nuevo juego de construcción de identidades y formas de poder desde un reconocimiento del otro como agente activo de la transformación de las estructuras e instituciones sociales; enmarcado esto, en la óptica del agonismo donde se da una concepción del otro no como enemigo a destruir sino como adversario poseedor de un marco simbólico común pero con el deseo de organizarlo de manera diferente y en donde efectivamente cabe la negociación.
Por: Sol Alejandra Gaitan - Sábado, 14 De Junio 2008
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Comentarios
Freddy H Castro | 2009-05-25 00:19:28
Sol, siempre me ha encantado como escribes!!!
Santana | 2008-06-16 11:20:42
Creo que, como lo dice en el penúltimo párrafo, debe destacarse el papel formador o deformador de la mujer en la construcción y validación de los órdenes existentes en la actualidad. Asi como manifiesta el papel masculino debe estudiarse el papel de la amdre, d ela abuela, de la tia con todas las taras y preconcepciones que tienen y que son en gran medida las formadoras de las generaciones actuales. Con el papel ausente del padre y el más recientemente ausente de la madre, debemos mirar quienes son las personas que estan reivindicando este orden establecido en las nuevas generaciones.
Fernanda Tovar | 2008-06-14 22:19:37
Estoy totalmente de acuerdo en lo de la construcción social de paquetes de valores asignados por género. Creo que una de las mayores dificultades en una sociedad como la nuestra, para aceptar por ejemplo, opciones sexuales diferentes a las que se han visto como tradicionales proviene de creer que estas últimas son "normales" en tanto han sido las construidas y mantenidas socialmente a lo largo de eras. No obstante, en tanto que modelos sociales no son más que costumbres y por lo tanto no son inamovibles. Por ello a partir de la reflexión y el debate de esos modelos impuestos, puede llegarse a la conclusión de que las terceras, cuartas, quintas ... décimas opciones son también "normales".
Andrés | 2008-06-14 22:19:23
Estoy muy de acuerdo principalmente con los dos último parrñafos. Ciçonsidero que tanto hombres como mujeres debemos ser consientes de nuestras diferencias y del entorno en que vivimospara empezar a acortar las profundas diferencias que se han crado a partir de consideraciones como el genero. Si bien aún la sociedad es machista, se ha avanzado muchisimo. Sin embargo, es importante definir hasta donde se llega con las medidas tendientes a evitar la discriminación sexual, para no pasar el límite del equilibro al favorecimiento.