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El próximo 2050

Una mañana del 10 de febrero del año 2050. Un sonido ensordecedor lo levanta como de costumbre… camina hacia su cocina inteligente, el café ya esta preparado y fresco pues su cafetera estaba programada para hacerlo, en la pantalla de su nevera verá como de costumbre una sugerencia de un menú saludable para ese día, y trabajará aunque tenga ya muchos años pues la medicina le aseguró una vida larga, muy larga pero no placentera, a eso sino se pudo comprometer.
Se podría pensar que esta es una versión más sensata comparada con el futuro ingenuo que nos han tratado de vender, donde usted se conformará con reemplazar una suculenta comida completa de hoy en día con una insípida y triste pastilla, o donde los carros flotan en el aire en autopistas imaginarias, donde paradójicamente hay un caos ordenado.
No puede ser que el futuro sea tan simple y fantástico, lo que sí parece ser cierto es que para imaginarnos lo que vendrá debemos ante todo mirar el presente.
Cada vez nos sorprendemos por los nuevos avances tecnológicos que sin lugar a dudas han hecho la vida más fácil para todos, ahora uno se pregunta ¿cómo algún día pudo vivir sin celular? ¿qué harían nuestros antepasados sin un televisor? ¿Es usted de los que se burla al ver los computadores ya obsoletos que en sus mejores días lo dejaron con la boca abierta ante todo lo que podían lograr?.
Dentro de 50 años, dicen los científicos y lo apoya la experiencia, este mundo será de adultos mayores, sobre todo porque desde ahora todo está encaminado a mejorar la calidad de vida de las personas, desde todos los aspectos. Cambios en la apariencia física que literalmente quitan años de encima, mayor conciencia de la alimentación y el ejercicio en la vida diaria, un enfoque mayor a solucionar cada uno de los problemas que se presenten en la vida cotidiana, sean aspectos de carácter familiar, económico, sentimental, esa vida planificada y perfecta que se trata de conseguir a toda costa en nuestros días se verá reflejada en ancianos aparentemente felices y fuertes, con una figura juvenil creada en un aséptico quirófano.
Ni que decir de los medios de comunicación que serán o mejor dicho ya son indispensables para nuestras vidas tanto como el agua, el único cambio será que por su uso tan arraigado y mecánico, dejara de ser algo sorprendente y novedoso para ser lo que realmente es; algo cotidiano y normal.
Del transporte, podemos decir que seguiremos viendo los vehículos de siempre con modelos innovadores y diseñados a la medida de los consumidores muy seguramente con un combustible más efectivo y menos contaminante. La tecnología no nos va a quitar el placer de manejar un vehículo que muy seguramente luchamos por conseguir.
De las viviendas, diré que no creo que vayan a demoler las ciudades que conocemos para construir torres enormes para albergar a la cantidad desbordada de población que vendrá, pero si llegara a suceder, habría que ver como usted deja que tumben el apartamento que hoy está pagando a cuotas, o en el que vivió gratos momentos.
De la educación, ni hablar, veremos finalmente que resulta de la especialización de cada persona en microtemas que solo entiende quien los estudió. La lucha seguirá siendo feroz como hoy en día, pero aun a mediados del siglo XXI será muy poco probable que se aprenda algo por Internet y se den los resultados que espera una sociedad tan compleja.
Del trabajo, muchos estudios se aventuran a pronosticar que se laborará desde las casas, que la oficina será un vago recuerdo del pasado, afortunadamente ya no va a tener que oír los gritos de su jefe, pero también para su pesar ya no le llevaran el tinto a su escritorio, ni vera la linda sonrisa matutina de su secretaria o de su jefe.
El medio ambiente, es un tema que no puede pasar desapercibido. Ya hoy parece que podemos convivir con una nube negra de smog en nuestras grandes y también pequeñas ciudades, con ríos quietos de aguas negras, de mares muertos donde las olas ya no hacen mella y bosques talados, que pasará en algunos años cuando el carrito de la basura ya no venga porque sencillamente ya no hay más espacio para arrojar los desperdicios, o cuando, finalmente, se de la guerra por el agua que tanto hemos oído mencionar.
Finalmente no se imagine un futuro triste y desalentador, todavía no ha llegado esa calurosa mañana del 10 febrero de 2050, todavía se puede hacer algo para alterar de alguna manera ese panorama terrible que nos han mostrado los científicos, simplemente viva bien, y siga adelante que el mañana aun no llega.
Por: Margarita Pachón - Sábado, 21 De Junio 2008
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