Así Pienso | Artículos
La verdad duele, pero la mentira mata

No se cual es la contradicción con la que vivo siempre: por una parte he pensado permanentemente que el mundo es un lugar lo suficientemente triste, y agobiante, como para estarlo recordando día tras día, hora tras hora y vivir amargada por eso. Pero, por otra parte, si no se piensa en hacer algo pues también no hay lucha y hay, tal vez, un vacío por no hacer, o al menos eso creía. Me despierto por las mañanas y no encuentro una razón para levantarme de la cama y andar. Me refiero a una razón motivante, algo que me impulse inexorablemente a una labor fructífera y placentera. Es que mis sueños cumplidos son mas parecidos a las pesadillas cuando se materializaron... es que acaso quién soy yo o quién es usted, o que humano de a pie puede vivir del encierro de otros. La conducta criminal podía ser antes un tema apasionante y no menos enigmático, se aproximaba mucho a la curiosidad de materializar un odio, y sobre todo me refiero al homicidio, a dar muerte a otro igual, a un par, si, ese otro con vida, con familia, con sueños, sin ellos, con dinero, vaciado, importante, insignificante socialmente en fin. Y acá veo que no hay tal conducta se mata por trabajo, necesidad, dinero, y ya todo cae... me doy cuenta que la vida se hace cada vez menos importante, y es que a quien le importa, a usted le importa la muerte del que sale en la primera pagina del espacio? se lo ha preguntado?... ah si y me refiero al espacio por que alli el protagonista si puede ser uno, uno cualquiera. Cambiamos vidas y frustraciones por libertad, y en ese juego me muevo, viendo subir presos esposados en las tardes soleadas de paloquemao, donde curiosamente nunca llueve, personas de caras desnutridas, pieles laceradas, ojos tristes, que caminan sostenidos del brazo por un señor de uniforme azul con un revolver en el cinto y un par de esposas de repuesto colgando y sonando en la marcha constante en los infinitos pasillos. Y yo que siempre ando distraída por el mundo, mirando al cielo, y esquivando gamines, pensando en historias fantásticas e irrealizables, me había vuelto parte de ese mundo de opresión, cumpliendo juiciosamente el rol mas funesto de la historia, de este penoso cuento: representar a las victimas, en este país violento, yo me encuentro "capacitada" para hablar en un micrófono en audiencias ante jueces que miran mal, pidiendo recompensas monetarias que mitiguen el dolor de otros. Y el cadáver de una joven de 27 vale en mi concepto 100 salarios mínimos, también el abandono de 3 niños por su madre vale para mi 18 millones y pico. Una puñalada en la barriga vale 5 millones... entonces me siento frente a un computador miro al techo y bingo! me invento precios, y me imagino dolores, y me apodero de las angustias de los otros, y sueño con mis muertos a quien represento gustosa, y cambio plata por dolor, ese es mi trabajo, ¿cómo le parece? Mi tarea es aplastar aun mas la cabeza del preso, meter el dedo en la yaga de quien desayuna agua masa en una cárcel miserable de este país de sangre, y ese era el sueño de un día con 18 años, cuando me conquistaba la sabia retorica de estudiosos alemanes sin problemas, pero con morbo asesino en las venas, que profesaban por la sanción social, el fin de la pena, el efecto re socializador de la sanción penal... y pasa un año, dos años... muchos mas... y siento asco, asco todos los días y prefiero no dormir por eso ya no cierro los ojos, para no dejar de ver un segundo, para no tentar a los sueños, para no volver a engañarme como cada día, para no pensar en mis muertos, y sus muertes, para no intentar razonar mas por que pensar tanto me esta matando y ya me quito la libertad. MARGARITA M. PACHON M.
Por: Margarita Pachón - Martes, 20 De Mayo 2008
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