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Un análisis racional de la fragmentación

Casualmente uno de los columnistas de este medio se refirió a un tema que acapara gran preocupación entre analistas sociales. ¿Por qué vivimos en una sociedad tan fragmentada? Se dice a menuda que existe una dualidad insensante entre daltónicos que solo pueden distinguir entre blanco y negro. No me atrevería a contrariar dicha observación ni mucho menos a menospreciar la problemática que de ella emerge; a fin de cuentas, el maniqueísmo conduce a la intolerancia, sentimiento que explota en violencia y se condensa en la triste historia que ya conocemos.

Pero tanta mezquindad y mamertismo entre quienes en ocasiones suponemos nuestros opositores intelectuales puede tener una justificación racional asociada a aquello que ambiguamente llamamos Capital social. La confianza, o la falta de ella, suele mutar en un mecanismo que acostumbra a polarizar las opiniones de los individuos. Lo interesante es que la racionalidad de la crítica desalmada, por irracional que pueda parecer en ciertas ocasiones, encuentra su fundamento en modelos utilitaristas avalados por la academia: la Teoría de Juegos.


El caso de un juego sencillo, acompañado de supuestos relevantes, puede resultar ampliamente ilustrativo. Existen dos jugadores: 1 y 2, cada uno con una estrategia (A y B). Cada combinación de estrategias tiene su propio resultado. Por ejemplo, si 1 juega A y 2 también, cada quien obtiene una utilidad de 50. En otro escenario, si el jugador 1 elige A y 2 elige B, el primero obtiene 90, mientras que el segundo se subyuga a tener solo 5 puntos de utilidad. Antes de proseguir invito al lector a analizar el cuadro detenidamente.

Aterricemos ahora el ejemplo al caso nacional; un país al parecer polarizado entre Uribistas y anti-Uribistas. Es un caso extremo pues es claro que existen posiciones intermedias. Pero trabajemos con estos segmentos de la población. Adicionalmente caractericemos las partes como el gobierno y la oposición. Incluyamos además dentro de los opositores solo a votantes comunes, quienes a diferencia de la clase política y la opinión pública carecen de incentivos, diferentes a pasiones personales, para cuestionar al régimen vigente.   

A primera vista parece existir un equilibrio superior en el juego; aquel donde la sumatoria del resultado de ambos participantes es el más alto posible: (1:B, 2:B). Sin embargo, para llegar al “equilibrio social” sería necesario que ambos jugadores realicen un pacto tras el cual se comprometan a elegir B. Lo anterior debido a los incentivos con los que cuentan cada uno de los individuos para no optar por dicha opción. Una observación más aguda es necesaria.


Note que en caso que alguna de las partes decidiera elegir A (dado que la otra elige B), el jugador restante se vería castigado con una utilidad de 5. A continuación, el traicionado se vería motivado a violar el pacto con el fin de castigar a su contraparte. Fíjese que una vez ambos se encuentren (ahora) en 50-50 ni 1 ni 2 contarán con incentivos futuros para cambiar de opinión (pues ninguno quisiera cambiar 50 por 5). Simple, ante la desconfianza, lo racional, como sugiere el equilibrio de Nash, es jugar con la mejor estrategia posible teniendo en cuenta la mejor estrategia del oponente (o para suavizar el lenguaje: divergente).

Encontramos un sinnúmero de ejemplos de polarización ideológica en el planeta. La gran mayoría, concerniente a la existencia de estímulos económicos entre actores con posibilidad de acenso al poder; políticos en contiendas electorales, guerras desatadas entre musulmanes y católicos (o cristianos), competencia leal y desleal en el comercio, la conquista de una pareja, etc. Pero existen un millar de casos más donde sin duda la desconfianza provoca el desacuerdo. En mi caso, creo que la euforia anti Uribista que en ocasiones me invade hace parte del mismo fenómeno. Siento que el gobierno ha violado estamentos legales en tantas ocasiones (siendo que según el juego una sola gran violación es suficiente) que simplemente mi estrategia consiste en desconfiar de sus resultados políticos.

Concluiré recordando que el equilibrio social es solo alcanzable tras la existencia de un pacto en donde las partes se comprometan a generar y obrar en mutua confianza. Es una reflexión válida e importante; la fragmentación se corrige con la existencia de reglas claras, precisas y la voluntad para cumplirlas. A fin de cuentas es la única manera posible de resolver conflictos.

Por: Juan David Parra - Jueves, 17 De Julio 2008

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Comentarios


laura | 2009-05-07 17:26:26

ponga juegos buenos


Juan David Parra | 2008-08-18 14:09:08

Carolina

Tu crítica válida pero en cierto grado refutable.

Si te fijas, de la tabla de pagos podemos extraer dos conjeturas. La primera, la esbozada en el artículo (el óptimo social no es igual al óptimo racional). Pero más, y aun sin conocer la tabla de pagos, evidencia que los actores implicitamente carecen de motivaciones para confiar en sus oponentes. Para esto es precisamente la falta de información la que motiva el fenómeno. Entonces no se trata de que los agentes sean perfectamente racionales. En este caso, la desconfianza, es racional, pero no por un calculo "racional" sino simplemente por la naturaleza de las personas


carolina | 2008-07-25 19:06:40

No te voy a echar la madre ni mucho menos... es cierto que el optimo social funciona unicamente con informacion completa, y si tenemos en cuenta que nunca se va a tener informacion completa tenemos que recurrir a la "confianza". Sin embargo, esto supone que todos los agentes que participan en el juego son racionales y que conocen la tabla de pagos... pero la realidad no es asiii... es muy dificil que la conozcan y mucho mas si gran parte de la poblacion funciona egoistamente persiguiendo siempre el bienestar individual. Este caso que estas mostrando es el famoso dilema del prisionero y funciona no solo para este gobierno sino para todos los gobiernos que ha tenido y tendra el país.

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