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Si tan sólo bastase marchar…

Orgullosamente declaro que soy uno de los colombianos que no marchó ni el 4 de febrero, ni el 6 de marzo, ni el 4 de abril, ni marcharé el 20 de julio. No marché, ni marcharé, por convicción. Antes de que me acusen de respaldar la violencia, a las FARC, al secuestro como mecanismo de lucha o de no acompañar el dolor de las víctimas quisiera explicar por qué no estoy de acuerdo en la forma en la que se emplean las marchas en nuestro país.
En segundo lugar, marchar, sólo marchar, no lleva a nada. Nada ha cambiado. Las marchas no muestran sus resultados en el tiempo. Una marcha no deja de ser un episodio anecdótico en la historia de un país sino es acompañada de una estrategia complementaria que lleve a que aquello por lo que se marcha se materialice. Una marcha es una muestra de repudio válida pero que, en nuestro país, por la ausencia de una estrategia complementaria desaparece en el tiempo y se convierte en una serie de imágenes que se ven en los periódicos y noticieros, de los que lastimosamente no se sacan resultados tangibles.
¿No fueron estas marchas la clara demostración de la nociva polarización que vivimos? ¿De qué nos sirvieron las marchas del 4 de febrero y 6 de marzo? ¿Demostrarle a las FARC que no tienen el apoyo del pueblo? ¿Darle carta blanca al gobierno para continuar su política de seguridad democrática? ¿Repudiar el secuestro? ¿Repudiar el paramilitarismo y recordar a sus víctimas? ¿Lograr la liberación de unos secuestrados?
¿Cuántas veces se requiere marchar para que eso se logre? Al parecer son muchas. Los que recurren a este medio de movilización social, en medio de la desesperación y la impotencia, pueden decir que lo harán las veces que sea necesario. Lo que me entristece, puesto que es una locura intentar varias veces la misma acción esperando un resultado diferente. En efecto, lastimosamente, sin importar lo multitudinarias que fueron las marchas, éstas no llevaran a nada. Aún no hemos podido dar el paso necesario de la movilización social a la concreción de resultados.
En tercer lugar, si bien reconozco que las marchas sí han aumentado la sensibilidad nacional entorno a ciertos temas, me parece que en este año se ha abusado del uso de la herramienta de movilización social, lo que ha hecho que con cada marcha que se convoca se pierde un poco más el sentido de recurrir a ella. Es decir, cada marcha paradójicamente deslegitima el mecanismo de marchar, reduciendo aún más las posibilidades de obtener resultados.
Quiero dejar claro que no me opongo a que se hagan marchas. A lo que me opongo es a que se considere que las marchas son un fin en sí mismas. Repito, la marcha debe ir acompañada de una estrategia que pretenda materializar la consigna por la cual se marcha. Mientras que eso suceda veré, con resignación, en la televisión y en los periódicos como los colombianos se toman las calles para manifestar su inconformidad con los actores armados, sin que esta manifestación lleve a resultados.
Por: Nicolás Montoya Céspedes - Sábado, 19 De Julio 2008
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Comentarios
Praetor Romano | 2008-07-22 11:01:40
Creo que la frase con la que comienza el autor es más importante de lo que se ha discutido en este espacio.
El autor empieza diciendo que está orgulloso por no haber participado de las tres marchas más grandes del país desde que se tiene recuento histórico. Aunque lo hiciéramos proporcional diciendo que antes había menos personas en nuestro país, las marchas no solo en el territorio colombiano sino de simpatizantes al rededor del mundo son las más grandes del pais.
Y se deben al orgullo. Según la Real Academia de la Lengua el orgullo es "exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas". Creo que los colombianos nos cansamos de agachar la cabeza, de hacernos los de las vista gorda mientras asesinan y secuestran en una guerra de 50 años, de aproximadamente 700 mil muertos de 4 millones de desplazados.
Creo personalmente que es orgullo lo que nos ha levantado, lo que no nos ha dejado sucumbir y ese es un resultado de las marchas. Los colombianos ya pueden mirar a los ojos a los liberados y decirles "no nos olvidamos de ustedes, miles de nosotros en nuestras oraciones, muchos de ellos orgullosamente niños, los incluimos en nuestras oraciones".
Eso es orgullo señor autor, poder mirar a los ojos a las víctima y decirles que sentimos compasión (es decir pasion con ellos).
Debemos recordar que los cambios siempre han empezado por eso, por una marcha, por una movilización de personas del común como usted o como yo que se cansaron de algo y que marchan para hacer sentir a los gobernantes de turno que deben cambiar una situación en específico.
Estoy en desacuerdo con que las marchas no sirvan para algo, ¿alguien olvidó la marcha de rebelión de los comuneros? ¿cómo empezó la revolución francesa? ¿cómo empezaron los cambios laborales para que podamos disfrutar de pensiones, salud, 8 horas? con marchas, con manifestaciones, con protestas.
Creo que la movilización en este país se había satanizado, se había vuelto simplemente una expresión de un sector de la sociedad para expresar su descontento para con el gobierno. Estas marchas no son de un sector, son de la mayoría que rechazan a los violentos y dan muestra de la voluntad de los colombianos para que se acabe esta guerra.
El señor autor, debe recordar lo que son los hechos fundantes de un país y estas marchas, son eso, hechos fundantes que nos definen como nación, tanto nos definen que dentro de dos o tres generaciones, así como lo hicieron los afronorteamericanos que asistieron a la "Marcha a Washington" y las "giras de la libertad" podremos decirle a nuestros hijos y eso definirá nuestras posturas
YO ASISTÍ o YO NO ASISTÍ a las marchas del 2008. El año en que el colombiano del común salió a las calles a hacer escuchar su voz, no solo pagando impuestos u obedeciendo laley, sino haciendo escuchar su opinión y su voz.
fernanda | 2008-07-21 23:20:04
En primer lugar quisiera señalar que contrario a lo que expresa el autor y algunos comentarios, no considero que las marchas del 4 de febrero, del 6 de marzo o del 20 de julio sean manifestaciones de movilización social. Son expresiones masivas de descontento, puntuales y no permanentes. Movilización social implica el establecimiento de un descontento permanente frente al cual diversos grupos de población se aglutinan para obtener el cambio, p. ej: frente a la segregación como sucedió en Estados Unidos, como los cocaleros en Bolivia, incluso como los Uwa en Colombia. No creo que las marchas sean eso, precisamente porque les hacen falta dos elementos imprescindibles: la coherencia y la permanencia; si lo que se quiere es que se acabe la violencia (incluyendo obviamente el secuestro), las manifestaciones públicas no pueden limitarse a marchas esporádicas sino a una actitud de repulsión constate frente a ellas, así mismo el comportamiento de los manifestantes debe ser coherente con ese objetivo, caso en el cual no tiene sentido que se marche contra la violencia de los paramilitares y no de la guerrilla y visceverza.
En segundo lugar, aunque las marchas en si mismas no tienen la capacidad de cambiar la realidad, si tienen un impacto fuerte en la opinión pública nacional e internacional (si bien critico la actitud utilitarista que puedan tomar algunos), pero de otra parte, coincido con el autor en que para que constituyan un primer paso del tan anhelado cambio, requieren de un proyecto estructural no complementario en el cual asentarse, de otra forma no se conseguiran más que resultados aislados y en todo caso, los mismos se desperdiciaran.
Andrés | 2008-07-21 20:02:02
Edgar, el movimiento de Ghandi es uno de los pocos ejemplos en los cuales la resistencia pacifica y las marchas sirvieron de algo, pero tiene razón casi nunca sirven de mucho.
Edgar Fuentes | 2008-07-21 10:43:50
En algún momento me declare mi oposición, igualmente, a las marchas y más cuando se vuelven un mecanismo repetitivo. Sin embargo, y aunque debo informar que no salí a ninguna de ellas, mi posición sobre el asunto no es tan radical como la presente, y tan desesperanzadora. Es claro, que en pasadas ocasiones se busco polarizaciones con las marchas, pero la del 20 de julio, aunque más abstracta, se encamino desde una óptica un tanto distinta: La Libertad. Poco observé que fuese contra las FARC o paramilitares, con el ahínco se hizo en otras oportunidades, lo cual de por sí la hace diferente, porque pro primera vez parecía dársele lugar a todas las víctimas de la violencia y el secuestro.
Asimismo, creo que es cierto que con ellas no se han conseguido nada hasta ahora, y no sólo en Colombia sino en el resto del mundo y la historia. Sin embargo, las marchas, o por los menos las de Colombia, han visto un sentido opuesto a los que se regodean no entendiéndolas o aceptándolas, y es decirles a aquellos que están privados de su libertad en la selva: Estamos con ustedes. Textos autobiográficos, y declaraciones han demostrado que la marcha del 04 de febrero si tuvo efecto en los secuestrados: No los hemos olvidado. Es un apoyo más que una procuración por la libertad. Es eso lo que no se observa, y por demás, lo que nos encierra en decir que no sirven las marchas.
De todas formas, es claro. Por lo menos un 20 de julio distinto
Andrés | 2008-07-20 10:48:29
Si bien la marcha por si sola no genere un resultado especifico, puesto que es un solo día y ya, creo que el mensaje que ella representa si dará un resultado, no es lo mismo tener secuestrados sabiendo que a nadie le importan y que la gente se hará la ciega ante el problema, que tenerlos sabiendo que todo el mundo andará pendiente de ellos. Tal vez la marcha no se materialice en que el 21 de julio todos los que tienen a alguna persona secuestrada salgan a devolverlos y a decir lo sentimos no lo volvemos a hacer,pero si es más probable que sientan una mayor presión y por ende su situación se complicará. Pienso que con las marchas como con todo lo colombianos debemos dejar de ser tan inmediatistas y pensar que las soluciones para este país van a tardar años y que afortunadamente en estos últimos tiempos parece que las cosas avanzan aunque sea un poco.
Juan D Parra | 2008-07-19 19:35:16
Si marcho o no marcho se queda en mi conciencia.
La reflexión de Daniel es válida y la respaldo completamente. Realmente marchar es fácil…. Estar dispuesto a la paz es un tema más complejo. Porque tener disposición de paz no es odiar, temer, repudiar o condolecer; es estar dispuesto a actuar, a poner, a compartir a trabajar. Mis dudas emergen porque creo que precisamente la mayoría de la gente que marcha cree estar haciendo un acto de nobleza, cuando muchos son ociosos a la hora de trabajar, viciosos a la hora de eludir impuestos, codiciosos a la hora de escatimarle las prestaciones a sus empleados, cínicos al momento de juzgar desde una bola de cristal una realidad que ni siquiera han intentado tratar de entender. Somos un pueblo mesiánico al que no nos gusta los procesos sino los resultados (quién ve las carreras de Nascar de Montoya o sigue pendiente de la Chechi Baena??) y con nuestros actos irónicos no hacemos más que atenuar a diario nuestra precaria situación (si!!, en algo tenemos culpa que existan las FARC o los paramilitares. TODOS, somos culpables). Marchar bajo esas condiciones es tan solo un intento por buscar una razón de ser a nuestro actuar público (yo si soy patriota y marcho para poner mi granito de arena). No es un acto de valentía ni de generosidad; es tan solo regalar un rato que nos sobra para sentirnos colombianos.
El tipo de marchante solo se conoce a si mismo. Queda en la conciencia de cada uno.
Sjake | 2008-07-19 18:42:41
Creo que un resultado directo fue con los secuestrados.. bueno no creo, la verdad es que ellos mismos han sentido "resultados" (¿utilitarismo social?) con las marchas. Le recomiendo el libro de Eladio Perez para que vea como cambió su estado despues del 4 febrero. TAmbién le recomiendo ver lo q ue dicen los familiares de los secuestrados, aquellos que salen todas las semanas a llorar a sus familiares y que vea lo que ellos opinan sobre el cambio, que ha tenido la sociedad alrededor de este tema. CReo que también le recomendaría contar cuantas marchas se hacen en Colombia del tamaño de las 3 de este año y encontrará dos cosas: primera, Colombia estaba en un letargo por la guerra, ya nada nos conmovia, ya nada nos hacía salir a la calle, las malas noticias se volvieron rutina y la sangre igual. Hoy en día una suerte de energía en el país que está despertando su expontaneidad y sus ganas de manifestar algo, lo que sea, al fin y al cabo algo. Ese es un cambio, ese es un "resultado", eso es bueno. Seguir con la mezquindad detrás del escritorio "cumpliendo la ley" es como reciclar papel y fumar al mismo tiempo, "creerse" que ya está haciendo suficiente y que antes se merece felicitación. Colombia hoy exige eso como mínimo y es impensable e imperdobable que esto no sea así. Segundo: a los colombianos de corbata, de apie, nos falta marchar mucho. ¿Abusar es tres marchas? comparemos, no hay nada como ver la presión social de los que marchan frente a la casa blanca y consiguen resultados, esto, casi todos las semanas... sin hablar del resto de suramérica. Abusar de manifestación, no es salir tres veces en el año, creo que en mora estábamos por hacerlo. En fin, resultados hay, sin necesidad de una mente profunda con una estrategia que no está en poder de la ciudadanía. Exigirle ahora a la ciudadanía no solo marchar, sino crear estrategias que permitan la paz suena bien, pero... algunos hacen comida, otros son abogados, otros comunicadores y la verdad, no tienen porque hacer el trabajo de los que elegimos para eso. Prefiero pensar en la presión que ejerce el votar o no, por alguien que genere esa "estrategia super mega wuau, que le sirva para sentir que la marcha tiene sentido. Prefiero pensar en que la ciudadanía empiece a castiar políticamente al que no la genere, es decir, devolverle la política a los que elegimos para eso. Mal haría usted proponer que el organizador de FACEBOOK, nos traiga una estrategia de paz, así como mal haría yo en hablar del medio ambiente solo porque reciclo papel.