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¿Qué acabamos primero, los grupos armados o la falta de oportunidades en regiones apartadas del país?

Es difícil decir cual camino prima sobre el otro, sobretodo cuando los logros militares de los últimos meses hacen pensar que las FARC están en cada vez peores condiciones que eventualmente podrían obligarlas a reconsiderar su forma lucha. Pero es difícil trazar una línea que separe claramente los dos caminos y dado el nivel de poder que alcanzaron a tener los grupos armados en regiones apartadas del país, debido en gran parta al abandono del Estado, ambos caminos se tienen que combinar para cultivar la paz duradera.
La situación se hace cada vez más visible con fuentes de primera mano que cuentan cómo se llego a vivir en las regiones apartadas, consumidas por el conflicto y gobernadas por los grupos armados. Regiones en las que todavía persisten grandes falencias del Estado, pero en las que por lo menos ya no gobiernan abiertamente los grupos armados y su ley.
Una buena fuente es el libro “En las trincheras del Plan Patriota” en el que la periodista Jineth Bedoya relata experiencias propias y ajenas vividas en el Guaviare, Caquetá y el Meta a finales del 2004, cuando esa zona era el epicentro de las operaciones del ejército.
Las historias son impresionantes, pero aquí es relevante una conversación con guerrilleros entre 17 y 23 años en la que dibujan un mundo tan pequeño que aún con los flagelos de la guerra y las durezas de la vida guerrillera, para pobladores de las regiones apartadas del país, ésta representa una mejor opción de vida que sus alternativas.
Con un irritante conformismo que dibuja los límites de sus posibilidades, una guerrillera de 17 años relata como para ella no es difícil llevar una vida en la guerrilla porque mientras en su hogar no llegaba a tener tres mudas de ropa, allá recibe dos mudas de civil, un uniforme y un blue Jean.
Pero mas allá de su conformismo, es evidente que en la lejanía de esta región del país, con la ausencia de las instituciones y del mercado, y en consecuencia gobernada por las FARC, niñas como la mencionada no tienen una verdadera opción para salir adelante – aún en los términos mas modestos de la expresión.
El Estado ha fallado en su tarea de satisfacer las necesidades colectivas y garantizar las condiciones mínimas para que las personas tengan la oportunidad de desarrollar exitosamente su vida dentro de la paz y la legalidad. Así las cosas, la guerra se reproduce por si sola.
¿Que hacer ante la situación? Suplir la falta de infraestructura. Llevar el imperio de las instituciones. Hacer cumplir la ley…. Devolver la confianza a la sociedad y la productividad a las regiones. Con seguridad que esto por si solo aislaría los grupos ilegales hasta desaparecerlos. ¿Pero acaso ellos lo van a permitir?
Claro que no. Los grupos armados operan como mafias. No porque trafiquen, sino porque buscan tomar el control de regiones para imponer su ley y proteger sus objetivos. Logran ser ellos quienes permiten la convivencia bajo sus normas y ofrecen las oportunidades; aquellas que los benefician. En este caso de las selvas del sur-oriente del país, hasta hace pocos años, estas oportunidades eran hacer parte de la producción de coca o participar en la lucha armada.
Es que las FARC llegaron a remplazar incluso las instituciones básicas del Estado. Según el libro, hace tan solo 4 años en el poblado de La Unión Peneya en el Caquetá, no circulaban los billetes respaldados por el Banco de la Republica sino fotocopias de ellos que solo eran validos si tenían el sello del grupo guerrillero.
Ese poder no lo van a entregar de manera voluntaria, solamente porque un gobierno cualquiera decidiera de un momento a otro que va suplir las fallas que históricamente ha tenido el Estado. Obviamente tampoco van a permitir que operen las instituciones.
Darle salida al problema es más fácil de decir que de hacer. Pero acabar con el poder de los grupos armados para conseguir el monopolio de las armas para permitir que las instituciones operen, es tan prioritario como dirigir recursos económicos y humanos a suplir lo que le falta a las regiones para que dejen de reproducir la guerra.
Este gobierno ha avanzado bastante en lo primero. Para eso lo eligieron y lo apoyan una cantidad abrumadora de colombianos. Salvo que hay que estar vigilantes de abusos verdaderamente inaceptables, yo pienso que en este tema lo importante es mirar como a partir de lo que se alcance a lograr militarmente para el final de este gobierno, se puede avanzar en lo institucional y lo social para alcanzar la paz sostenible.
Por: Kenny Parsons - Martes, 22 De Julio 2008
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Comentarios
Andrés | 2008-07-23 22:31:27
Ahora bien otro punto. No toda la elite bogotana tiene finca en Girardot y no creo que ellos sean los más beneficiados por los triunfos militares. Pienso que toda persona durante la epoca del despeje sintió en algún momento que se encontraba atrapada en la ciudad o pueblo donde vivía, las pescas milagrosas no eran para atrapar a la elite bogotana que iba a Girardot, de hecho en esa vía -si mal no estoy- no hubo pescas milagrosas, estas eran para atrapar a cualquier persona que pudiera dar dinero para las F.A.R.C, así mucha gente que, proveniente del campo, se desplazaba a visitar a su familia también se veía afectada, el agricultor que no podía sacar su producto sin pagar una vacuna también se veía afectado, el transportador que no podía desplazarse por miedo a que quemarán su tractomula o flota también se veía afectado, yo me ví afectado. Esos diversos sectores se han beneficiado por la política de seguridad democrática, es probable que las encuestan estén maquilladas, pero salvo que sea un cambio extremo, me sería imposible pensar que un 30% lo convierten en 80%, si hay gente disconforme y siempre la habrá, pero hoy en Colombia ellos no son la mayoría, sus motivos son validos y sus argumentos respetables pero aún así la tacha de elitismo que se le da a los triunfos militares para mi es inaceptable, porque el cerco que tenía el país fue roto. Hoy no tenemos miedo de ser secuestrados por el solo hecho de desplazarnos hoy nuestras preocupaciones son otras, pero por lo menos nos sentimos un poco más seguros.
Juan David Parra | 2008-07-22 17:30:50
Yo creo que antes que nada debemos cuestionar la siguiente afirmación “Para eso lo eligieron y lo apoyan una cantidad abrumadora de colombianos.”.
Basta leer los estudios de la corporación Arco Iris para descubrir lo que todos quieren ocultar. Ese 84% esta bastante maquillado, pues cuando Uribe ganó las elecciones más de 256 municipios del país estaban totalmente cooptados por las fuerzas paramilitares. Un apoyo forzado o manipulado no es democrático.
Segundo, porque el sesgo de las encuestas (tema ampliamente estudiado por los académicos) no permite realizar muestras representativas.
Ahora, la pregunta; ¿un triunfo militar para quién? ¿Quienes se ven beneficiados de las políticas militares? Los vendedores de armas, los narcos que ven como su cocaina se hace cada vez más valiosa, y la elite Bogotana que ahora puede ir los fines de semana a sus casas en Girardot.
Lo cierto es que el 20% de los parlamentarios que votaron por el presidente están en la cárcel, su reelección hizo parte de un ilícito y para quienes leen medios diferentes a caracol y rcn, el paramilitarismo aun no se ha terminado. Un adagio popular dice: ladrón que roba a ladrón sigue siendo ladrón. ¿Qué esperamos que un gobierno maquiavélico haga con las zonas “recuperadas”? Entregarlas a los paras (¿o a las nuevas mafias emergentes?).
Yo simplemente creo que las posibles virtudes o logros del gobierno se opacan en sus medios, en la pérdida de confianza. El problema no es la política militarista (que como menciona Kenny tiene su lógica), sino quien lidera a nuestro ejército. Estemos seguros que si las FARC se acaban, no se termina el problema porque simplemente no hay voluntad (o ustedes creen que un gobierno se hace reelegir una y otra vez por simple “beneficencia” social)
Andrés | 2008-07-22 12:59:54
Es importante también recordar que junto a la estrategia de retomar el control militar de varias zonas del país, se ha aplicado una estrategia de ir devolviendo poco a poco la institucionalidad del Estado a esas zonas es un esfuerzo al cual no se le ha hecho mucho eco pero que está ahí ya que no sólo con tropa es que el Estado ha llegado a recuperar lugares que antes eran santuarios de la guerrilla.