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En Colombia nos morimos de hambre

Pasada la borrachera de rescates, marchas, reformas políticas, vuelvo a este espacio reivindicando los derechos de segunda y tercera generación especialmente en lo concerniente a la seguridad alimentaria. LA FAO en su última publicación sobre la situación alimenticia a nivel mundial informa que existen más de 800 millones de personas que sufren de desnutrición, de las cuales, en América Latina habitan 52 millones de ellas y en Colombia (de acuerdo con el índice de desarrollo humano (IDH)) cerca de 6 millones

No nos morimos en la guerra, pero nos morimos de hambre, el estudio del Centro de Investigaciones en Dinámica Social (CIDS) de la Universidad Externado de Colombia concluye lamentablemente que 3 niños menores de 5 años mueren al día en Colombia por desnutrición. La revista Semana trae a colación el caso de 52 muertes por desnutrición en la comunidad Emberá en Chocó las cuales en  un comunicado titulan: “Cansados de la desidia del Estado colombiano que asesina por omisión a nuestros niños y de la guerra que se libra en nuestra comunidad y territorios...”

El Ministro de Agricultura ha manifestado en varias ocasiones que Colombia cuenta con suficientes alimentos para garantizar en el futuro la no ocurrencia de fenómenos masivos de desnutrición, estudios del Banco Mundial así lo demuestran, no obstante, la teoría económica pregona que la localización de la oferta se encuentra relacionada con la capacidad adquisitiva que tenga la demanda. Se puede plantear entonces que en Colombia no faltan alimentos, la realidad es que los mismos no se encuentran distribuidos de manera equitativa dentro del territorio nacional.

La falta de acceso al mínimo vital alimentario nos conduce a un problema de libertada más específicamente a una privación de la misma. Bien lo señala Amartya Sen en Desarrollo y Libertad “El hambre está relacionada no solo con la producción de alimentos y la expansión de la agricultura, sino con el funcionamiento de toda la economía, con el funcionamiento de las instituciones políticas y sociales que pueden influir directa o indirectamente en la capacidad de los individuos para adquirir alimentos y para gozar de salud y alimentarse”.

La privación de la libertad en lo concerniente a la imposibilidad del individuo     en el acceso a los suplementos alimentarios mínimos pone en perspectiva la incapacidad del gobierno en respetar y cumplir algunos de los derechos de primera, segunda y tercera generación. El gobierno actual se encuentra enfocado en un derecho de primera generación como es el de la Seguridad, no obstante, por cumplir este objetivo ha dejado de lado obligaciones propias de un Estado Social de Derecho, como el respeto del Derecho a la Vida, la consecución de Derechos Sociales (segunda generación) y la solución de los problemas alimenticios (tercera generación).

La seguridad alimentaria en Colombia no se ha logrado, nuestro Congreso se debate día a día en proposiciones, mociones de orden; mociones de procedimiento; el Gobierno trabaja equivocadamente en su carrera guerrista, el Ministerio de Agricultura tiene sus ojos en los megaproyectos de  biocombustibles y como ha ocurrido en estos años el sector más damnificado es el ubicado en los quintiles más pobres de la población.

Mis convicciones políticas e ideológicas me indican que tengo una preferencia por los derechos sociales, a menudo en la calle presencio la simpatía y el agrado que tienen las políticas sociales, sin embargo, creo que no ha sido suficiente para derrotar o al menos alcanzar el 83% de favorabilidad que tiene el actual gobierno. La seguridad seguirá siendo vista como una política de carácter social, el hambre y la desnutrición seguirán pasando de agache y los que reivindicamos los derechos de segunda y tercera generación continuaremos trabajando en los pocos espacios que difícilmente hemos podido encontrar.

 

Por: Felipe Jiménez Ángel - Jueves, 31 De Julio 2008

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