No me considero ávido con las mujeres. De hecho el fracaso sentimental siempre ha acompañado la evolución de mis técnicas de “levante”. Sin embargo, ha sido el continuo rechazo el que me ha llenado de insumos importantes para analizar mis falencias. Si contara con una muestra representativa y una infraestructura adecuada estoy casi seguro que podría corroborar, con 95% de acierto, la que podría llamar la regla de las 6. Habría que advertir que no se trata de una buena noticia; no busco con ella maximizar el éxito de conquista, sino por el contrario minimizar la humillación del temido “no”.
Cuantas veces nos han dicho: “yo te llamo más tarde”, combinación de palabras con un significado tan ambiguo como detestable. Esa frase que nos hace quedar como idiotas esperando a que se dignen a llamarnos. Permanecemos inertes, fríos, sórdidos y escépticos frente a que debemos hacer para evitar quedar como idiotas aun mayores. Si la llamamos…. ¿quedaremos como intensos? (Al fin y al cabo ella dijo que llamaría) Pero… ¿y si no la llamamos? El secreto está en perder toda esperanza; llamarla no va a hacer que ella cumpla la cita… ya lo habría hecho.
Es una cuestión de detectar los incentivos con los que cuenta cada parte para no quedar mal. Las mujeres tienen su propio karma, producto de la indolencia social que las rodea. Para una niña no existe peor desconsuelo que ser llamada “perra” o “puta”, apelativos no solo ofensivos, sino aun peor para ellas, sujetos a malas interpretaciones. Nuestra generación ha popularizado tanto dicha manera de referirse a las mujeres (incluso entre ellas mismas), que el riesgo de quedar como antipáticas es demasiado alto; Hoy en día hasta una antipática le decimos “perra”.
Y aun así muchas veces nos preguntamos: “¿si no le gusto porque simplemente no me dice que no y así evitamos todo esto?”. Pregunta errada. Si interiorizamos el párrafo anterior tenemos nuestra respuesta. Entonces no hay que afligirse porque no suceda. Simplemente no va a pasar.
Ahora, nosotros (el hombre que invita a salir) contamos con incentivos más evidentes: conocer a alguien, pasar un buen rato, conseguir una novia, etc. Desde luego, somos quienes portamos la mayor motivación (a fin de cuentas por algo la invitamos a salir) y es por ende que entramos en un juego donde carecemos de poder de negociación. Lo ideal sería detectar previamente si existe cierta química (aptitud no siempre desarrollada en todos nosotros). Pero si simplemente nos aventuramos a llamarla y decirle “salgamos” tenemos que atenernos al asimétrico juego informativo.
La regla de las 6 es sencilla de entender, aunque en ocasiones, difícil de aplicar. Suponga que se aventuro a llamar a la niña el miércoles. Hablaron y todo parecía ir bien. La llama el viernes y le propone que se vean el sábado. Ella dice que si y usted se llena de emoción. El sábado no querrá llamarla muy temprano (por temor a quedar de intenso), pero tampoco tan tarde (temiendo que elle piense que usted la dejó plantada). Una buena hora son las 6 de la tarde (aunque puedan ser también las 5). Pero por desgracia ella le contesta: “yo te llamo más tarde”. Conclusión, olvídese de la idea de encontrarse con ella esa noche.
El marco lógico sugiere que ella no tendrá mejor opción para deshacerse de usted que aburrirlo. Si realmente estuviera interesada, el previo aviso la hubiera motivado a sacar el tiempo para que se encontraran. Y como nunca le dirá “no” (o por lo menos en el 95% de los casos) qué mejor manera de deshacerse de usted que con un falso compromiso importante. Siempre aparece un grado, el cumpleaños del papá o quizás uno de los más irritante: “es que le tengo que ayudar a una amiga que estaba colgada en un trabajo de la U” (¿nunca se ha pregunta como carajos una psicóloga es capaz de ayudarle en un trabajo a una ingeniera industrial justo en viernes en la tarde noche?). Demasiado conveniente. Pero logra su cometido: no quedar tan mal.
Por ello, evítese sufrimientos. Llámela, hablen, invítela a salir. Pero si el día de la “cita”, luego de las 6pm le salen con un “yo te llamo” simplemente arme otro plan. Si ella realmente quiere salir con usted… llamará. Pero llamarla jamás hará que cambie de decisión. Por lo menos así no quedará tan idiota como podría quedar.
Por: Juan David Parra - Viernes, 29 De Agosto 2008
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