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La doble moral judicial

Los recientes eventos me llevan a concluir que en Colombia hay una doble moral judicial, y con ello no me refiero a la posibilidad que tienen dos personas de disentir sobre unas mismas evidencias, como ha sucedido recientemente entre la Fiscalía General de la Nación y la Corte Suprema de Justicia. En realidad a lo que me refiero es a la conveniencia de los testimonios como evidencia.

Recuerdo que a principios de la década de los 90, se hablaba en el país de beneficios por colaboración con la justicia para los narcotraficantes del Cartel de Medellín. Esa colaboración se fundó en su momento en un principio simple: son los delincuentes los que saben cómo hicieron las cosas y con quién o quiénes las hicieron, lo que en últimas resulta más importante. Lo que se busca con esto que es tan sólo sea suficiente la captura de una persona para poder desmantelar una organización, todo fundado en las declaraciones del capturado.

El mismo principio está detrás de figuras como la ley de justicia y paz y el principio de oportunidad. En pocas palabras, la colaboración de los delincuentes con el Estado ha sido parte de la política criminal. Parece que hasta allí no había problema.

Inexplicablemente, cuando los delincuentes empezaron a declarar en contra de los políticos, estos últimos empezaron a decir que no se les podía creer a los primeros. Así que paradójicamente las declaraciones de los delincuentes sirven cuando denuncian a otros delincuentes y no sirven cuando denuncian que los políticos son unos delincuentes.

Si sirve que “Jorge 40” confiese los delitos que cometía con Mancuso, pero no las relaciones que tenía con los políticos. Si sirve que “Don Berna” mande a denunciar en el Palacio los que ha hecho la Corte Suprema, pero no que “Pitirri” denuncie a los políticos por aliarse con los paramilitares.

Ahora bien, aclaro que considero que los testimonios son las evidencias más engañosas que hay. De hecho considero que un testimonio jamás es una prueba suficiente para condenar a una persona, por lo que se requiere confirmar el testimonio con pruebas científicas o con otro tipo de indicios. Todo esto porque como hemos visto en últimas semanas los testigos se pueden retractar o incluso, por qué no aceptarlo, mentir. Es así como un día un testigo denuncia al Presidente de haber cometido una masacre y meses después denuncia que senadores de la oposición lo corrompieron para mentir; quién sabe qué dirá en unos meses. He allí el verdadero problema de los testimonios, no que unos delaten a otros.

POR CIERTO. La reforma a la justicia es el lugar adecuado para reglamentar las funciones de policía judicial y apreciación probatoria que el Palacio de Nariño viene ejerciendo. Así Colombia será pionera (o retrograda, faltará ver) en la nueva interpretación de la separación de poderes.  

Por: Nicolás Montoya Céspedes - Lunes, 1 De Septiembre 2008

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Comentarios


Andrés | 2008-09-01 21:12:35

Y que se dice de la oposición queriendo jugar al mismo juego de quien se oponen, y que se dice de aquellos gobernantes que se la jugaron porque eran diferentes y son una replica en la forma de gobernar y de actuar y que se dice del pueblo que no aporta ni un apice a mejorar todo, puesto que todos critican y eso esta a flor de piel, hasta yo lo hago y eso que trato de ser consecuente con lo que pienso. Pero donde esta nuestro apoyo a reforzar las instituciones y el respeto por la ley o será que la piratería rampante no es un reflejo de porque nos ganamos los gobernantes que tenemos y ni pa' que mirar un despacho judicial o una junta de socios o una acción comunal o una asamblea de copropietarios.


praetor romano | 2008-09-01 12:23:50

¿Separacion de poderes? A qué separación de poderes se refieren si el gobierno es el que estima o desestima declaraciones (creía que eso lo hacía la Fiscalía) y decide qué merece ir a la justicia y qué no, además, lo decide en los Sótanos de el "Palacio de Nari" donde se reciben a todas las oficinas que quieran atestiguar contra las cortes.

Valiente separación de poderes si el Superpresidente además de salvar a Colombia, decide qué es bueno que se sepa y qúe no.

Sólamente le falta ponerse el traje de buzo (¿será que lo necesita este superhombre?) y bajar él mismo a rescatar las canecas de cianuro que cayeron en el Rio Grande de la Magdalena.

Esperemos a ver qué dicen desde los sótanos de Palacio sobre las reformas y qué puede y no puede saber el pueblo colombiano.

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