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Juegos de Hermenéutica

 A mis padres por toda su paciencia

La hermenéutica es, en los Estudios Literarios, uno de los principales quehaceres de alguien ha optado por la literatura como el centro sus preocupaciones. En ella radica la multiplicidad de posibilidades que existen en un texto, su riqueza. La hermenéutica es entonces una confrontación directa con el texto literario: entrar en él y llenarlo de preguntas, hurgarlo, exprimirle y someterlo a un examen con su tiempo, con el género en que este se inscribe, con el contexto en que fue concebido, es una pregunta por el autor y su obra. Pero también es una dinámica que sólo se puede hacer a través del gesto lector, sólo a través de la lectura y del sujeto que lee el texto existe y sus posibilidades comienzan a manifestarse. Podría decirse que un texto tiene una cantidad casi infinita de posibilidades; un texto literario tiene tantos significados como lectores. Y, así como el texto varía, un lector también está condicionado al contexto que pertenece: su situación socioeconómica, cultural, espacial y temporal.

En esta medida, la hermenéutica se concibe como un juego, donde la literatura se convierte en el tablero, el lector la ficha y el significado es una tirada de dados. Un ejemplo de esta dinámica puede verse en la interpretación de un poema del poeta mexicano, José Emilio Pacheco, donde el análisis ha sido realizado desde mi propia experiencia con el poema, pero también con referentes culturales y poéticos. En este sentido el poema es una experiencia de lectura donde otras lecturas alimentan y dinamizan el juego.         

 

LA FLECHA                                                                                         

No importa que la flecha no alcance el blanco

Mejor así

         No capturar ninguna presa

         No hacerle daño a nadie

pues lo importante

es el vuelo         la trayectoria          el impulso

         el tramo de aire recorrido en su ascenso

         la oscuridad que desaloja al clavarse

vibrante

         en la extensión de la nada.

                       

  Vibración fonética del poema

 No importa que la flecha no alcance el blanco.

Este primer verso es contundente. Es el más largo. Como si fuese la propia flecha que nunca termina de llegar. La flecha es su propia materia: madera y acero; pero también es el blanco. El lanzamiento y la llegada son parte de una misma unidad que se afirma en        el vuelo          la trayectoria          el impulso.

 

Cuando Pacheco afirma que lo importante no radica en alcanzar el blanco, asume ese rasgo inherente al ser moderno, el cual es la pérdida del centro. Sin embargo, con ello no lo elimina, al contrario, lo disemina. Da lugar a una proliferación de éstos, ahora puede encontrarse en todas partes. Centro y periferia ya no se entienden dentro de una lógica jerárquica, sino heterárquica, es decir, una condición rizomática: el centro está en todas partes y se desplaza –anárquicamente- como la raíz de un árbol. Es la esfera de Parménides y Pascal, pero también la del cuento de Borges, que ubica el ombligo del universo –El aleph- en el escalón de una ciudad porteña. Pero ese ombligo-esfera-escalón es un escombro de la torre de Babel, ceniza de Roma, es la grada de una favela de Río.

 

En el poema el tiempo no es lineal: no tiene principio de reloj, ni fin de almanaque: es infinito. La flecha nunca llegará a un punto determinado, es como la trayectoria, sólo deviene. Estamos ante una Reinvención de la noción del tiempo en cada tramo recorrido, es el Uroborus (serpiente mitológica que se muerde la cola formando un círculo. Representando así la destrucción y creación).

La palabra, como la flecha, está errando: Es el vuelo       la trayectoria       el impulso. Esos vacíos-silencios dan plasticidad al poema. La idea de enrancia no está dada por el significado de las palabras que la representan, sino por la distribución de ellas sobre el papel. Ese divagar, esa enrancia, ese vagabundeo deja el asfalto y se despliega sobre la hoja del poema. Es un flâneur* hecho de tinta y grafía. El poeta es cosmpólita en el acto creador.

Todo el poema es una crítica a la búsqueda de fines como metáfora del éxito, propone una teleología rizomática como (des)proyecto de acción. Sin embargo, no hay que entender ésta acción como moverse en todas las direcciones posibles, sino en la contemplación de esa trayectoria y no dar explicaciones físicas de ella. El poema entonces subvierte ese carácter positivista de los tiempos modernos donde todo tiene una razón casuística.

El triunfo del acto poético está en la tensión que hacen el arco, la mano y la flecha, lo demás es despliegue. En este orden, el poema permite pensar al poeta en tanto poiesis, es decir, éste sólo es posible a través del permanente ejercicio creador, no en el resultado de este. El poema no es un fin en sí, dado que toda obra es abierta e inacabada, dejada por el autor. No puede territorializarse en tanto materialidad sobre el papel, sino en su despliegue: actos de lectura que actualicen las palabras, actos de escritura que renueven el poema en tiempo y significado.Estos acercamientos permiten ver el trayecto propuesto por pacheco como un arte poética, pero, no de su obra, sino en tanto poiesis que desborda su propio genio:El poema busca volver a fundar la poesía en cada golpe de tinta y en cada lectura del mismo.

Por último, y para ser coherente con lo propuesto inicialmente, regresemos al punto de partida: La pérdida del centro. Pero no verlo en los límites trabajados anteriormente, sino en la poética que reside al interior del texto de Pacheco. Allí el arte, al igual que el centro, está en una continua mudanza, y de golpe arte-flecha revientan con la nada. Pero, ni siquiera, esa nada, es posibilidad de reposo. Al contrario, sólo es la ilusión de haber acertado en el objetivo, y basta con volver la mirada sobre la flecha clavada para darnos cuenta que el blanco y la puntería sólo son la huella de si misma. Ésta huella-ilusión se reproduce una y otra vez, una y otra vez, como una eterna puesta en abismo, que se activa cuando creemos tener en el puño cerrado el objeto, el pensamiento deseado. Así, la Huella y la nada se convierten en el punto de partida para un nuevo trayecto, es de la nada de donde se toma el impulso para el vuelo: ésta nada es fecunda, es constituyente de la realidad, es lo inmaterial, lo inasible, lo inefable, lo que instaura el mundo, lo funda. Es la posibilidad de crear a partir de la nada.

 "Calla el bastón, calla la piedra, y el callar no es callar, no se

ha callado ninguna palabra, ninguna frase, sólo se ha producido

una pausa, un hueco en las palabras, un lugar vacío, ves alrededor

todas las sílabas; lengua son y boca.

Paul Celan (Conversación en la montaña)



* La figura del flâneur es trabajada por Walter Benjamin a partir de la obra de Charles Baudelaire, y es pensado como esa persona que camina por la ciudad sin más placer que el perderse entre las calles, los cafés y los pasajes de las ciudades modernas. Es una especie de vagabundeo intencional, que no tiene un tiempo de llegada y, aún menos, un punto determinado donde termine su jornada. 

Por: Arturo Charria - Jueves, 11 De Septiembre 2008

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Comentarios


praetor romano | 2008-09-12 08:59:03

Que refrescante en este mundo de inmediatez sumergirse en una lectura como esta que obliga a leer y releer a concentrarse y abstraerse de lo cotidiano.

Bienvenidos y que vuelvan artículos como este.

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