El Profeta Histriónico

La quiebra financiera en Estados Unidos se convierte en la evidencia perfecta que subraya la torpeza del comentarista inexperimentado. Desde luego, la opinión de todos debe ser bienvenida por igual, lo cual no quiere decir que toda opinión sea igualmente valiosa. Cuando nos duele el estómago no le preguntamos al abogado frente a nuestros síntomas; por lo general lo consultamos con un médico. De igual forma, un profesional de la medicina estaría imposibilitado (por su formación y no por su nivel de inteligencia) de asesorarnos durante un proceso legal (Claro, a menos que durante su vida de estudiante se haya profesionalizado en ambas áreas del conocimiento)
Que yo sepa, por ejemplo, Daniel Samper, respetado periodista colombiano, no tiene ningún tipo de formación económica. Sin embargo, pretende dar cátedra de economía a los colombianos mediante columnas apolíticas publicadas en medios de comunicación masivos. Tal es el caso de su ultimo escrito en El Tiempo: ¡Se acabó el mercado!, acompañado de una análisis burdo y lleno de perspicacia maligna y des-informante: “Confío en que el espectáculo de la agonía de Wall Street sirva de ejemplo a nuestros neoliberales domésticos”. Sospecho que entre sus satanizados “neo liberales” deben estar empresarios, economistas y claro está, el gobierno.
Al respecto, Sergio Clavijo, economista de la Universidad de los Andes y ex codirector del Banco de la República, escribió alguna vez atacando la
ignorante cruzada anti-neoliberal. Su argumento, ilustrado de la sensatez que en estos temas solo un economista moderno puede albergar, es bastante reconfortante: “El problema del mundo real es que el supuesto recetario ortodoxo no existe y no debe existir, pues cada coyuntura económica es diversa y exige una nueva
combinación de políticas”
[1]
Orlando Gutierrez, profesor de la Universidad Nacional, avala una tesis marxista (y no por ello menos válida) para explicar lo sucedido en los Estados Unidos: “sobreproducción en muchos sectores de la economía, y como resultado de esa (…) el impacto en el sector financiero”
[2]. Pero ni siquiera quienes guardan afinidad económica con este tipo de escuelas se atreven a predecir el final del mercado; su análisis deja claro el carácter cíclico del capitalismo, dentro del cual queda implícita la eventual recuperación de la estructura. El “fin” es tan solo una profecía fabricada con euforia por nuestros periodistas cazadores de escándalos.
Escandalosos a su vez porque al parecer esta cruzada sesgada les permite generar controversias incoherentes. ¿O es que acaso el gobierno de Colombia, que en los últimos meses ha disparado la inflación con el excesivo gasto público, que nos pretende enfrascar en un tratado de anti libre comercio con los Estados Unidos, o que utiliza su amplia influencia en el congreso para buscar perpetuidad, podría ser catalogado como un gobierno “neo-liberal”? Seguramente nos jactamos de tener un gobierno neo-liberal altamente intervencionista; gran paradoja periodística, ¿no les parece?
Y muy seguramente nuestros empresarios serán unos neo-liberales acostumbrados al cariño de papá-Estado (Claro, haciendo la salvedad que el sentido paternal se manifiesta precisamente sobre los grandes monopolios colombianos). Se vive en un ambiente bajamente competitivo, con productividades irrisibles y altamente dependiente de tasas de interés bajas (y no de sistemas eficientes de mercado). Por esa razón el gobierno tiene que acudir en su rescate, tildando de “enemigos del pueblo” a una de las pocas instituciones operantes del país: El Banco de la República. Que temibles los empresarios neo liberales.
Hace un par de días oía en la Radio a Alejandro Gaviria, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes, y quien con su coherencia rescataba el debate de las garras de los periodistas. Espere con ansias su columna dominical acostumbrada en el Espectador para aterrizar nuevamente sus ideas, encontrando con alivio un análisis más sensato:
Como sugirió esta semana el columnista David Brooks, esta crisis tampoco cambiará el mundo. Seguramente la concentración del sector financiero aumentará y la actividad económica estará deprimida por algún tiempo (dos años es el promedio). Pero, después de un tiempo, la destrucción creativa preparará el camino para un nuevo comienzo. En diez años, una nueva crisis llegará con los estruendos de siempre. Y los analistas dirán, nuevamente, que se trata de la peor de la historia.
Las verdaderas enseñanzas que rescata, totalmente antagónicas a la histriónica lista de Samper (leer su columna), son simples. Es necesario aprender de lo sucedido para evitar la reproducción histórica. La economía de los Estados Unidos tendrá que evaluar su trayectoria y tomar decisiones de ajuste. Desde luego, el impacto será sonoro y vendrá una época de transición. Pero de ahí al final del capitalismo, existe un margen muy amplio.
La lección de todo esto no es la de aprender a subestimar los posibles choques económicos, ni permanecer inertes antes las fluctuaciones de todo tipo de mercados. Tampoco insistir en axiomas como el neoliberalismo puro, ni poner nuestro futuro en manos invisibles. Lo importante es evitar el sesgo sensacionalista ocasiona por la opinión de inexpertos, quienes con sus trabalenguas periodísticos no buscan más que cautivar a los menos sabidos (que debido a la inmensidad de áreas de conocimiento, simplemente son la mayoría). No le crea totalmente a un economista, pero déle el beneficio de la duda sobre quien tiene como profesión la predicción de catástrofes.
[1] Clavijo, 2001, Economía: entre la ciencia y el poder, Alfaomega, Bogotá
[2]http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/articulos/economia/economia_20080916_crisis.html
Por: Juan David Parra - Jueves, 9 De Octubre 2008
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Comentarios
Camilo Rizo | 2008-10-30 10:48:15
Extraordinario.
No solo combina una madurez académica, sino un criterio claro, estructurado y razonable. Es diplomático pero no disimula lo que pretende decir y dejar claro "Ojo con los profetas payasos!". Podrían ser incluidas en esta columna referencia a la ridícula portada de semana de "Capitalismo socialista" con una alegoría casi insultante con las dos imágenes que representaba: A Karl Marx y al Tío Sam.
Una inmensa y merecida felicitación
Daniel Alejandro Parada | 2008-10-10 11:03:34
Completamente deacuerdo con la idea central del artículo, cada uno debe dedicarse a lo que sabe.
Pero también hay que ser justos, guardar proporciones y contextualizar lo criticado.
Cierto, el título de la columna de Daniel Samper es "¡Se acabó el mercado!" y si, se apoya en herramientas escandalosas y aporta consejos irrelevantes como aquellos que le hace a la economía nacional donde el neo-liberalismo es inexistente.
Pero claramente en la columna dice lo siguiente "el mercado (tal como lo conocemos) se acabó.". Esa frase, desde mi punto de vista, es completamente cierta.
Empezamos con el escandalo de Enron, después la encarcelación de Martha Stewart hace unos años. Ahora la crisis financiera mundial. Todo hace parte de una bola de nieve causada por las libertades que CEO's de varias compañías que aprovecharon la complicidad del Estado para enriquecerse a niveles absurdos. (En alguna parte leí que el CEO de Fannie Mae ganaba en una hora lo que setenta empleados colombianos ganaban en un mes con un salario mínimo.)
Ahora la intervención estatal no solo se limitará a rescatar a estas entidades con 700 billones de dólares, también se trata de decretar límites salariales para los ejecutivos de estas compañías, y tomar medidas que prevengan futuras crisis.
Es cierto que el mercado no se ha acabado y que dentro de pocos años esta crisis será superada, probablemente dentro de unos años más vuelva y se repita la crisis; pero es igual de cierto, que ciertas ideas neo-liberales no son viables y que la crisis actual es prueba de ello.
No creo que ningún modelo económico sea aplicable a cualquier situación, hay que ser dinámicos y acomodarse a la coyuntura y en la coyuntura actual el libre mercado/neoliberalismo no nos funciona.
Aleja | 2008-10-09 15:35:54
Bueno! muy muy bueno! es que es verdad que hablar con tal ligereza de temas tan agudos empieza a formar una tensión innecesaria en lectores incautos o mal informados.
Muy muy bueno, Juan!!