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Fuera carros

Cuando dejen de pensar en Bogotá como la gran capital, como el centro de la cultura y la vida cosmopolita, como el eje del progreso social y urbanístico, y empiecen a verla como la ciudad en donde se pierde tiempo, mucho tiempo, en un trancón, es porque concuerdan en algo conmigo. Fuera carros.

 

¿Y cómo más solucionarlo? Una primera respuesta la da el actual alcalde de la ciudad señor Samuel Moreno, quien en su programa de gobierno se hizo elegir a punta del discurso del Metro, del Tren de Cercanías y de una “integración” de los sistemas públicos de transporte. De no haber ganado la alcaldía, a los bogotanos (y a los que vivimos en Bogotá) nos habría tocado el mismo sistema “integral” de transporte urbano solo que con Transmilenio.

 

Con cualquiera de las dos opciones pareciera entrever que el problema de los trancones es la gente que no tiene carro y que hay que llevarla en grandes cantidades y rápido a sus casas. Es como si la gente atestada en un bus, un Transmilenio o el futuro Metro fuera la causa de que se llegue a decir que los carros andan a una velocidad de 4 KM por hora en las horas pico. Igual, con lo absurdo de la cifra, sí es evidente que llegar de cualquier lado a otro en la ciudad implica un gasto de, al menos, una hora larga por trayecto; es decir, dos horas al día. Bogotá se convirtió en una ciudad en donde solo se puede hacer una vuelta al día.

 

Quiero plantear otra verdad. Cuando estoy parado en un bus totalmente lleno que poco se mueve a su destino (igual pasa en Transmilenio e igualmente pasará en Metro) miro por la ventana carros particulares enfrascados, como nosotros, en el mismo tapón. La gran diferencia es que mientras en un bus de 10 metros de largo hay al menos veinte (20)  a veinticuatro (24) personas, en el carro del lado que mide 6 metros hay una, si acaso dos. Ahora bien, recordemos que los carros particulares son mayoría en Bogotá y que en un trancón al menos la mitad de los carros lo son.

 

Agreguemos una variable más: todos los días, (yo diría que casi a cada hora) en la ciudad se produce la compra de un carro nuevo; palabras más palabras menos, cada hora un vehiculo de 6 metros es comprado por una o dos personas para apoderarse de una buena parte de la vía en la que yo mañana, acalorado, apretado e incómodo me movilizaré hacia algún destino para hacer algo importante para mi.

 

Si la situación de hoy no contempla las nuevas rutas de Transmilenio (que se apoderarán de grandes tramos de vía pública), sin pensar en la cantidad de carros que hoy, mañana y pasado mañana, se comprarán y se pondrán a rodar (es decir grandes tramos de la vía en los particulares) no quiero ni imaginarme como va a ser la ciudad cuando el Metro comience a construirse. Y acá es donde entro en pánico, absoluto pánico. Y lo malo del pánico es que me hace absolutamente radical.

 

El estrés, la claustrofobia comienzan a hacer de las suyas, cuando intento pensar en la 26 con arreglos, en 7 con obreros, en la 10 con volquetas, en la… en la… etc. Lo que conduce a pensar: si los tapones son culpa de la cantidad de gente que no tiene carro y que se tiene que movilizar rápidamente y en masa; para eso van a hacer el Metro, mas Transmilenios y largos Trenes de Cercanías. Sin embargo, si la culpa es simplemente que hay demasiados carros, buses, busetas, taxis, camionetas… ¿la solución es el pico y placa?

 

Mí propuesta simplista, no muy, muy inteligente, pero que me gusta: no más carros nuevos. Propongo que no privaticemos más las vías con más vehículos que van a llenar más los tapones y que solo van a movilizar a una, dos o tres personas. Que la gente compre y venda carros usados, que se mantenga el número y que se chatarricen los buses de transporte público viejos (para eso van a ser los grandes transportes masivos), que hasta el día en que las obras de todas las vías se hayan terminado, haya Pico y Placa de todo el día para taxis y particulares, qué se incentiven las ciclas, las patinetas, trotar, correr. Que los carros que vienen de afuera tengan un tiempo límite de permanencia (visa automovilística). En fin… que al menos después de todo el problema de usar una hora para llegar a cualquier sitio se mantenga y no, como creo va a suceder, termine en un real caos digno de programa de Alcalde 2030 que seguramente nos venderá que la solución al problema es adicionar un Metro totalmente subterráneo o un Transmilenio totalmente aéreo y un tren bala que una en milésimas de segundos Sumapaz con Madrid. Me conformo hoy con decir: fuera carros.   

 

 

Por: Fabián Hernández Cadena - Martes, 25 De Noviembre 2008

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Comentarios


Andrés | 2008-12-07 17:04:24

Fabián, su posición es cierta parcialmente. El problema de la movilidad en el transporte bogotano es una mezcla de varios factores: exceso de vehículos (públicos y privados, pésima infraestructura vial para soportar el exceso de vehículos y nula cultura ciudadana de los conductores para respetar un poco las normas de transito y así al menos tratar de movernos un poco más rápido entre la marea de vehículos y las trochas capitalinas.

Ojala tuviéramos un alcalde lo suficientemente bueno para entender que una política de choque que busque erradicar uno de esos tres factores y unas políticas complementarias que ayuden a reducir los otros dos son lo que se necesita en vez de tanto paño de agua tibia y pantallazo en la TV estaríamos hechos. Una pequeñisima aclaración, yo diría que el promedio del largo de los vehículos particulares sería de 4,5M, 6 es para camionetotas como la Hilux.

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