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Que no vivan los vivos

 Que no vivan los vivos*

PRIMERA PARTE: Son las 7 a.m. Usted sabe que tiene que llegar a su trabajo que queda en el otro extremo de la ciudad. Sabe que no está lo suficientemente lejos para aplicar Portal de Trasmilenio, pero también sabe que tampoco vive tan cerca de su trabajo como para coger un taxi porque la carrera le dejaría descuadrado en el salario mínimo que no le alcanza para nada. Su  mejor opción el Trasmilenio, claro, en estación intermedia. Se arma de paciencia y piensa que más vale lo masivo del sistema con tal de llegar temprano.

 Usted suele ser un ciudadano respetuoso de las normas, tiene un mínimo de lógica que le índica que ciertas acciones no se pueden ejecutar al mismo tiempo: entrar mientras se sale, pararse como un poste en un punto determinado y desplazarse; sabe que hay acciones que no se pueden ejecutar simultáneamente porque se excluyen temporalmente y espacialmente. Ya lo sabe, ya sabe que está allí y que habrá un montón de gente a su lado, en sus mismas condiciones y sin otro objetivo que llegar a su lugar de destino.

La mayoría de estas personas, como usted, tiene un sentido de la lógica y tratan de tener paciencia. No obstante, estas cualidades no las comparte aquel que no respeta el turno entre la muchedumbre (aunque le apuesto que a más de a uno, tal como a usted, le ronda la idea de que tal vez todo sería más fácil con una fila de entrada y otra de salida; claro, si no existieran especímenes como el usted sabrá nombrar mejor), aquel que se para en lo cierres de las puertas impidiendo que éstas cierren, porque claro, así va a llegar más rápido el bus, sin tener en cuenta que por su cuenta algún pasajero podría perder la vida al caer y ser atropellado, el que se para en la puerta porque se va a bajar rápido (diez estaciones después) y no deja entrar a nadie, el que se lanza al interior del bus, inmediatamente abren las puertas, en un salto digno de lucha libre. Nada más y nada menos usted se encuentra, como todos los días, con lo que en el argot colombiano denominamos EL VIVO.

 SEGUNDA PARTE: Luego de superar al VIVO de la puerta del bus, de superar al VIVO de la estación que ejecuta su triple salto mortal, usted llega a su estación de destino. Está lloviendo (porque es temporada de invierno), saca su sombrilla y se dispone a caminar algunas cuadras que le separan de su trabajo. En su recorrido, con los zapatos mojados por lo charcos, con las manos congeladas por el frío, con la necesidad de llegar al trabajo antes de que se dañe su sombrilla, observa como conductores de automóviles solidarios con la situación de invierno y teniendo en cuenta que existen los peatones (sí señores, existen), pasan a una velocidad que promedia para no caer en la de parqueo pero que evita hacer saltar el agua sobre aquellos que van a pié. De pronto, (no sabe porque pero lo presiente) un vehículo no sabe si de transporte público o particular (es indiferente), se acerca a una velocidad que excede el promedio residencial, se aproxima al camino peatonal de modo que pueda pasar por la mayor concentración de agua retenida y sin pensar en nada más que en ir más y más rápido, levanta una portentosa cortina de agua llena de lodo, únicamente para o tal vez sin pensar en, mojar a los transeúntes. Nuevamente EL VIVO, AL QUE NADIE LE GANA.

TERCERA PARTE: Afortunadamente usted estaba en el extremo que estaba más lejos de la calle, no como aquella persona que a pesar de saltar para evitar ser mojada, quedó empapada de pies a cabeza, y aún así debe ir a su trabajo. Sin embargo, usted queda mojado en algunas partes de su vestimenta, trata de olvidar el incidente durante la jornada de trabajo y a la hora de salir, cuando promedian las 6 de la tarde, retoma su camino hasta la estación en donde habrá tomar el bus que lo llevará de vuelta a su casa. Durante el camino (que ya conoce de memoria), trata de ir con agilidad a pesar de la lluvia, de las sombrillas en conflicto, de los carros. Cada vez que debe cruzar una calle, pasa por la cebra, no sin antes mirar si se encuentra el semáforo peatonal en verde. Todo tranquilo hasta que se encuentra un cruce en que los semáforos han dejado de funcionar y se ha instalado una serie de auxiliares de policía (si podrían ser sus hijos, sus hermanos, sus primos) que tratan de regular el caos de tráfico, a pesar de no tener protección para la lluvia y de tener como única dotación un bastón. En medio del caos y en el carril que está esperando para avanzar, alguien acelera su carro al ver que el auxiliar no está viendo y que si acelera lo suficiente no habrá forma de agarrarlo para hacerse acreedor a una infracción, lo que no vio este VIVO fue que en ese preciso instante usted estaba cruzando. Usted es atropellado. Usted terminó mal su día a pesar de todo su esfuerzo y todo por cuenta de un tercero que se creyó muy VIVO.

 

FINAL: Al margen de esta historia ficticia, seguramente si usted observa con detenimiento a su alrededor, durante su jornada diaria, usted tendrá ejemplos de este tipo por doquier. Usted encontrará que muchos de los accidentes, de los percances y malentendidos en que se encuentra la gente día a día, no provienen de las partes involucradas, sino de terceros que se creen VIVOS, LOS MÁS AUDACES, LOS QUE SABEN COMO HACER TRAMPA. A pesar de todos los problemas que causan, las AUDACIAS de los vivos son celebradas en nuestro país, tal como se celebra un gol de la selección. Se celebra a pesar de los dolores que le causa a usted y a muchos otros, sí se celebra. Lejos de privilegiarse las ideas que llevan a alguna parte ( si porque dan un valor agregado a su vida diaria), en este país prevalece el que hace trampa a costa de los demás.

Si usted es de esos que llaman VIVOS, lo invito a que piense en su actuación, lo invito a no seguir generando problemas, a usar su inteligencia para cosas que redunden en su beneficio y que no afecten a los demás y en el mejor de los casos ayuden a todas las personas que se encuentran en su misma situación. Si usted, por el contrario, no se sintió como un VIVO al leer esto, reflexione en las formas en que puede hacer algo para que no pululen los vivos, no los aplauda, no los vitoree. Si no quiere no haga nada, pero en el mejor de los casos busque la forma de ejercer presión social en contra de estos especímenes que afectan su día a día y nuestra auto concepción y percepción a los ojos de los demás como país.


 

*En memoria de los agentes bachilleres que han muerto por actuaciones de vivos y de otra especie aún peor, los intolerantes.

 

 

Por: Ariadna Tovar Ramírez - Jueves, 26 De Marzo 2009

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Comentarios


Andrés | 2009-04-20 19:55:37

Yo uso la direccional antes de girar y nunca hago doble línea jajajaj. La verdad que me identifico con la idea presentada por Ari, todos los días trato de hacer algo para evitar caer en la dinámica del

VIVo aunque hay que reconocer que la misma presión social hace difícil lograrlo. De hecho hoy lunes que maneje decente en el regreso a casa dure mucho más tiempo y tuve más posibilidades de sufrir un accidente que si hubiera manejado como regularmente manejo.


jose | 2009-04-16 04:20:34

Alguna vez leía (no me acuerdo en dónde)que en Ecuador los colombianos teniamos fama de ser VIVOS. Sin embargo, despues me puse a pensar y... en realidad en muchas situaciones de nuestra cotidianidad impera la lógica del VIVO...tal vez cuando empecemos a pensar un poquito más en el bien común y respetar las normas podriamos dejar de vivir a punta de COLOMBIANADAS (sinonimo de vivesa)...

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