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Los riegos de la incoherencia

El frenesí relector no es solo motivo para alborotar el avispero político. El macartismo suscitado por los fervientes defensores del gobierno, así como el castrismo evocado desde la oposición radical, repliegan con simple retórica populista (de lado y lado) la verdadera preocupación: ¿qué será de nuestra joven democracia?

Resulta ya cliché parafrasear a Winston Churchill y su famosa frase “la democracia es lo peor que existe, pero es lo mejor que tenemos”. No obstante, parece ser necesario recordar una y otra vez que, pese a las imperfecciones del régimen, está fue la apuesta de nuestros ancestros cuando fundaron la república. Nuestra democracia ha florecido, ha encontrado obstáculos y se ha superado. Padece de las enfermedades de todo sistema “en desarrollo”, pero gracias a ella hemos conquistado metas sociales simbólicas y cruciales para nuestro crecimiento como ciudadanos.

El problema es que se ha vuelto común el ignorar los pilares de la democracia, reduciéndola al eufemismo propagado por su más rústica definición: el poder del pueblo. Bajo este eslogan se escudan muchos opinantes, quienes con frecuencia adulan “la voluntad de las mayorías”, y a ello se adhieran con firmeza para defender grandes contradicciones en planos tanto semánticos como estructurales. La incongruencia llega al punto de construir argumentos cómo: “si así lo invoca el pueblo por medio de mecanismos democráticos, clausuremos estamentos democráticos para defender la seguridad democrática”.

Sin embargo, acá el punto no es cuestionar las políticas del ejecutivo, ni motivar amores o desencantos. Hemos llegado a un punto en donde la polarización es indeseable. Cada cual esta en su derecho a opinar libremente y generar su propio veredicto frente a lo que quiere de esta democracia. El llamado es a la coherencia; quien le guste la concentración del poder, que lo diga abiertamente. A quién le guste el balance entre las ramas del poder público, que lo sostenga con ímpetu. Pero aquellos que pretendan confundirnos, les pedimos que respeten nuestra inteligencia.

Y es que resulta incoherente que el presidencialismo sea democrático; por definición la democracia requiere de mecanismos de ejecución, legislación y de control. Si todos se absorben en uno, muere el gobierno mayoritario. Resulta incoherente una democracia sin acceso al poder para diferentes representantes de la población (de izquierda, derecha, centro); tal y como ha progresado el partidismo nacional, nos encontramos al filo de una sola colectividad al mando, al mejor estilo de regímenes autocráticos. Y lo más grave: nuestra endeble carta política; resulta incoherente, para la democracia, que una constitución escrita bajo el principio de inclusión (en medio de asamblea constituyen a nivel nacional) sea modificada una y otra vez por mandato de tan solo un poder representativo.

Quiero dejar en claro que el problema no es Uribe, sino la fortaleza de la figura presidencial. Aquella fisura que se abre, y a que a su vez genera alternativas no calculadas por los defensores del régimen. Con el tercer periodo constitucional, se abre la posibilidad que en el futuro no solo presidentes como el actual se hagan reelegir una y otra vez. Me pregunto que dirían los uribistas de la democracia concentrada que tanto defienden, si representantes de radicalismos políticos surgieran y se perpetuaran en el poder por 12 años. Estamos a puertas que se avale constitucionalmente la posibilidad de tener lagartos que desangren al país por tres periodos consecutivos, con poco control y mínima oposición. La propuesta de un solo mandato no es una terquedad, sino una garantía. La continuidad de políticas eficientes no debe depender de personajes sino de ideologías impregnadas en proyectos nacionales.

Y una última duda. ¿Que pasaría con los inversionistas extranjeros, que gracias a la eficiencia de las políticas de seguridad han encontrado en el país una buena oportunidad empresarial, si percibieran que se desmantela la democracia? Recordemos que la concentración política es sinónimo de la falta de libertad de mercado, mal presagio para los cazadores de negocios. Sería una estacada en el corazón del éxito de 8 años de gobierno en esta esfera.

Es por ende necesario revisar no solo nuestras prioridades, sino el entendimiento de las mismas. Un país alineado con la democracia no le gustaría perderla. La incoherencia genera este riesgo. Que viva la libertad de expresión y de opinión, pero que ojala vaya acompañada de la reflexión. No se trata de retórica anti-uribista. Estamos hablando de algo mucho más grande.

 

 

Por: Juan David Parra - Martes, 26 De Mayo 2009

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Comentarios


praetor.romano | 2009-06-09 18:15:32

Y en el medio de incoherencias, de juegos de palabras y de utilizar instituciones democráticas para minar la democracia, se fortalecen los polarizados que al fin y al cabo son minorías (de izquierda y de derecha) y las personas coherentes, centradas, que hablan claro, se quedan en el medio y sin nada que hacer.

Es más, a veces por hablar de una forma o de otra son tildadas de ser de un bando (uribistas o antiuribistas) sin serlo, porque se puede estar de acuerdo con ciertas políticas y en desacuerdo con otras sin ser tildado de paraco o de guerrillero.

Pero en un país polarizado hacia allá vamos, "el que no está conmigo está contra mi" y todos nosotros en el medio.

Vale


Jose Luis Romero Correa | 2009-06-01 13:36:40

A esto esto es lo que llamo, un "analisis puro"


Sjake | 2009-05-27 12:05:14

Y ante esto, que hacemos los jóvenes que creemos que somos lo suficientemente inteligentes para no dejarnos meter ese gol de la reelección. ¿Que hacemos? ¿Qué podemos hacer? Excelente artículo... hasta ahora el que más me ha gustado de este autor.


Raul Parra | 2009-05-27 08:15:48

La realidad incomoda. Este articulo que ademas es bastante bueno, no solo aplica a los estamentos del gobierno si no tambien se podria aplicar a muchas organizaciones.

"El llamado es a la coherencia; quien le guste la concentración del poder, que lo diga abiertamente. A quién le guste el balance entre las ramas del poder público, que lo sostenga con ímpetu. Pero aquellos que pretendan confundirnos, les pedimos que respeten nuestra inteligencia." La continuidad de políticas eficientes no debe depender de personajes sino de ideologías impregnadas en proyectos nacionales."


william molano | 2009-05-26 15:02:33

exelente articulo solamente agregaria los inversionistas nacionales, con privilegios logrados con el poder y los controles concentrados en un solo cargo


Gustavo Martínez V | 2009-05-26 14:30:57

Un excelente punto de vista, analizado desde muchos perfiles pero finalmente, lo más grave es el irrespeto por nuestra Carta Magna.

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